“Te extraño. Sos el amor de mis sueños, el hombre que siempre quise tener. Nunca te voy a poder olvidar…”
Sentada sobre su cama, pensando… Nada más que en él, él es lo único que le importaba.
Sintió un ruido. Con cuidado se levantó y fue a mirar. Caminó hasta la cocina, siguió hasta el living y llegó a la puerta de entrada. Volvió a sentir el ruido; desesperada agarró un cuchillo y volvió a su lugar.
Todo parecía estar tranquilo, ella deseaba que él esté a su lado, abrazándola, cuidándola del mundo exterior. Pero él no estaba allí.
Regresó a su dormitorio, tal vez lograba dormirse. A los pocos segundos de acostarse, quedó completamente dormida, y su cabeza comenzó a meterse en sueños, sueños hermosos que parecían ser recuerdos de momentos que ella vivió con él.
Se penetró tanto a ese sueño, a ese otro mundo que no quería despertar. Estaba él, abrazándola, en el último viaje que habían hecho antes de que él muriese. Se veía el mar, ellos contemplando el atardecer desde su cabaña, solos… Solos ellos “dos”, sin que nadie los molestase. Estaban pasando el mejor momento de sus vidas: iban a ser papás de una nena a la que llamarían “Morena”.
Faltaban unos 3 meses para que el fruto de su amor saliera a la luz; él la ayudaba en todo lo que podía; ella haciendo completo reposo, no querían que nada le pase a Morena.
Era su primera hija, su primera nena. Sentían que la felicidad había alcanzado un punto máximo, que ya no necesitaban más.
Pero poco a poco, el sueño que parecía ser el más hermoso, comenzó a volverse una pesadilla. La cabeza de Laura iba recordando el causante de la muerte de su marido. Esas imágenes, esos sufrimientos, los gritos, los llantos iban cada vez más metiéndose en su cabeza. Aunque ella quería, no podía hacerlos desaparecer, eran parte de su vida, parte de ella.
De repente, la despertó otro ruido. De un salto salió de su cama, se notó transpirada, agitada y muy angustiada.
Caminó, nuevamente, hasta la cocina, ya era de día y vio a su nieto Benjamín junto a su madre Morena. “Benjamín”, así le había puesto en recuerdo a su padre ya que ese iba a ser el nombre del próximo hijo si era varón.
Laura los abrazó fuerte, y les pidió que nunca la dejasen sola que ellos eran lo más importante que tenía.
Pasaron el día juntos como de costumbre. Morena siempre se quedaba para acompañar a su madre, así no se sentía sola ya que después de los 35 años de la muerte de Gabriel, ella no lo había podido superar. Pero cuando llegaba la noche, Laura dormía sola; Morena debía volver con su familia.
Todas las noches, Laura se sentaba en su cama a escribir, pensando en él, sin entender por qué ya no estaba más, por qué se había ido.
“… Soñamos estar juntos, y lo logramos. Soñamos tener una familia juntos, y lo logramos. Soñamos vivir toda la vida juntos hasta que la muerte nos separe, pero esto es algo que yo no lo puedo lograr. El amor que yo siento por vos es algo que la muerte no me lo va a derribar. Te amo. Hasta siempre”
Expectacular creación de Georgina Petraccaro.
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